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Beneficios de esta tecnología

La inclusión en la vida social y la “normalización” de quienes presentan cualquier tipo de discapacidad o dificultad funcional exige la invención de “sistemas de suplencia” que les permitan proseguir su desarrollo. Las actuales tecnologías de la información pueden aportar y, de hecho, ya han aportado nuevos y más sofisticados “sistemas de suplencia” para algunos tipos de discapacidad como, por ejemplo, los programas que traducen en audio para las personas ciegos los textos informatizados.

Risoluta pretende dar respuesta, desde las nuevas tecnologías de la información, a las necesidades más básicas y menos atendidas de las personas con alguna patología, discapacidad o dificultad funcional, que puedan aprovecharse de los enormes recursos y posibilidades que las tecnologías de la información y la robótica pueden aportar.

Hasta el momento pocos son los recursos disponibles para personas afectadas por patologías como la Parálisis Cerebral, Autismo, Síndrome de Down u otras. Los niños más afectados por alguna patología que haya deteriorado su capacidad cognitiva, su capacidad de manipulación, movimiento o desplazamiento, se ven privados de las posibilidades de desarrollo que reportan el intercambio y la manipulación de objetos y, sobre todo, del juego. Esto no tendría por qué suceder si se creara un “sistema de suplencia” o “sistema complementario” específico para solventar sus necesidades. El desarrollo tecnológico actual hace posible la creación de estos sistemas.

Pensemos por un momento en diferentes sistemas que puedan ser configurables, que se adapten al entorno, que puedan actuar de forma autónoma, semiautónoma o teleoperada, que aprenda, que planifique sus acciones y que reaccionen ante diferentes estímulos. Este tipo de sistemas podría abrir para estos niños posibilidades de desarrollo hasta el momento no exploradas.

La imposibilidad de introducir “objetos de intercambio” en las relaciones entre los adultos y el niño afectado por alguna de las patologías referenciadas puede ser una dificultad añadida para las relaciones de comunicación entre ellos. Esa dificultad podría explicar, al menos en algunos casos, por qué los niños no llegan a veces ni a construir un sistema de señas. La posibilidad de “manipular” a distancia un “robot-juguete” se convertiría en el centro de la atención compartida de unos y otros y generaría necesariamente relaciones de comunicación que los niños harían suyas.

La imposibilidad de participar en actividades conjuntas en las que se produzca algún tipo de intercambio de objetos y/o posiciones en relación a ellos –como, por ejemplo, tirar y recoger una pelota- priva a estos niños de la oportunidad de construir algunos de los requisitos necesarios para la construcción de la función simbólica –muy especialmente la denominada “teoría de la mente”- y, por lo tanto, les impide la apropiación significativa del lenguaje convencional. La posibilidad de participar en actividades conjuntas a través de la interacción con “robots-juguete” les abriría las puertas para establecer relaciones de intercambio y, con ellas, para acceder con más facilidad al uso de la función simbólica y el lenguaje.

La posibilidad de participar en actividades conjuntas a través de “robots-juguete” también les facilitaría el desarrollo de todo un amplio repertorio de actitudes y habilidades necesarias para su inclusión en el mundo social: descubrimiento del sentido de la cooperación y desarrollo de actitudes de colaboración , aceptación y respeto hacia las reglas y convenciones necesarias para la convivencia…

Finalmente, la imposibilidad de manipulación motriz y de desplazamiento autónomo llevan consigo dificultades incluso para elaborar las primeras nociones básicas, muy especialmente nociones de espacio y tiempo de las propiedades físicas de los objetos. Los “robots-juguete” permitirán, de forma vicaria, el desplazamiento y la exploración a los niños con parálisis cerebral grave, ayudándoles a establecer un sólido cimiento para su desarrollo cognitivo posterior.

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